(*) Luis Ángel González López ('Mhruxy')

 

Ya bien entrados en pleno siglo XXI, el uso de las nuevas tecnologías y la popularización y difusión de las mismas a nivel general han permitido un avance sustancial en lo relativo a la transmisión de información y puesta en contacto de aficionados con intereses comunes en algún tema específico. El desarrollo de Internet y su inclusión en el medio doméstico ha significado una gran revolución en este sentido, y el tema que tratamos en estas líneas es un buen ejemplo de ello.

La historia, no obstante, arranca más de medio siglo atrás, cuando en 1946 el estado adquiere la mayoría de las acciones y las patentes de nuestra emblemática marca Hispano-Suiza por mediación de la recién creada ENASA, con el propósito de fabricar un modelo de camión que fuese realizado íntegramente en España. Dichas directrices habían sido dictadas desde el C.E.T.A. (Centro de Estudios Técnicos de Automoción) desde cuyo instituto se pretendía diseñar las futuras vías de motorización de nuestro país, aún superando los difíciles años de una posguerra que se prolongaba. Mientras que a través de ENASA y su absorción de los modelos propios de Hispano Suiza se podía asegurar la fabricación de un modelo de camión enteramente con los recursos propios tecnológicos del país, para el desarrollo de un automóvil de turismo se vio que sería imprescindible contar con apoyo exterior, para lo que se entablaron negociaciones con FIAT de cara a la creación del otro buque-insignia del anterior régimen, SEAT.


Los primeros camiones producidos bajo los auspicios de la recién creada ENASA no eran sino un diseño original de los modelos que la Hispano Suiza había desarrollado, llamados 66G. Poco tiempo después, en 1947, y tras unas pequeñas modificaciones, salían al mercado ya con la denominación Pegaso II Z-203, dotado de un motor de gasolina de 110 CV, el cual fue pronto bautizado popularmente con el sobrenombre de ‘Mofletes' por la característica forma de su cabina. Posteriormente, en 1949 se presenta la versión Diesel del ‘Mofletes', con un motor más económico de 125 CV y cuyas prestaciones prácticamente a la altura de su hermano de gasolina y su menor consumo hicieron que las ventas de este último prácticamente eclipsasen a las del modelo de gasolina.

Los Pegaso ‘Mofletes' siguieron construyéndose hasta su sustitución por el siguiente modelo de la saga, el Z-207, más conocido por el apodo de ‘Barajas' por llevarse a cabo su fabricación en la nueva factoría de Madrid-Barajas. Cuando los últimos ‘Mofletes' estaban siendo realizados en fábrica, desde el gabinete de diseño de la propia ENASA se realizó una corta serie de tan sólo siete ejemplares con disposición de autobomba contra incendios, de una belleza incomparable y cuyas armoniosas curvas formaban un equilibrado conjunto estético en concepto monovolumen que aún hoy en día tras casi sesenta años no desentonan entre los vehículos actuales y sigue causando la admiración del público. Equipadas para desempeñar la función para la cual habían sido concebidas (uso por bomberos) en la empresa madrileña Defensa Contra Incendios, SA las siete autobombas Mofletes fueron enviadas a sitios políticamente estratégicos del régimen franquista, con gran dosis de propaganda mediática.

El 15 de Mayo de 1956 llegaba a la localidad asturiana de Avilés una de estas autobombas, y la cual es objeto del presente reportaje. Por aquél entonces esa ciudad constituía el punto de mira de buena parte del estado español al haber acogido una de las obras magnas del anterior jefe de estado, la siderúrgica ENSIDESA. Nuestro Mofletes cumplió con su doble misión (apagar fuegos físicos y alimentar fuegos políticos) durante los primeros años de su vida activa. Más tarde un ‘Barajas' vino a apoyar su misión conforme la ciudad crecía y las emergencias aumentaban. Así prestó sus servicios hasta 1970, cuando se produjo el primer hito en la vida de nuestro protagonista: la sustitución de su motor original de gasolina por uno de ciclo diesel correspondiente a un Pegaso Comet 1090 habida cuenta del elevado consumo, y que se llevó a cabo en el taller autorizado Pegaso de la ciudad.
Dos décadas más vería pasar el Mofletes a sus espaldas, durante las cuales el servicio activo fue espaciándose más y más por la entrada de nuevos vehículos contraincendios más aptos para este fin. Pero no por ello dejó la actividad avilesina. Los niños (y los no tanto…) lo recordarán sin lugar a dudas en el desfile de las cabalgatas de Reyes, así como en varios eventos (certámenes del Motor, exposiciones de vehículos clásicos, fiesta de Pascua, etc.) que se celebraban bajo el ámbito del Ayuntamiento de Avilés y que exhibía orgulloso esta pieza de museo. En los noventa el servicio de bomberos del Ayuntamiento de Avilés es transferido a las instancias del 112, mudando sus dependencias a otro Parque de Bomberos, llegando a éste nuevas dotaciones de personal y nuevos vehículos. El Ayuntamiento de Avilés opta por retener al Mofletes, y es aquí cuando comienza el principio de su verdadera decadencia y deterioro, siendo aparcado en una esquina del Parque de Bomberos y relegándolo al olvido al que parecía haberse resignado durante esos últimos quince años.

Retomando el hilo con el que al principio abríamos este reportaje, coincidiendo con el 50º aniversario de la llegada de la valiosa autobomba a Avilés, un diario local publicó una noticia refiriéndose a dicha efeméride. La noticia fue recogida por el ‘blog' avilesino ‘El Arbeyu Digital' editado por Mercedes y Fernando Soler, quienes ‘soltaron la liebre' del deterioro y abandono que dicho camión sufría en las dependencias de bomberos. Rápidamente los internautas y aficionados a los vehículos clásicos de todo el país establecieron vía Internet una intensa, vigorosa y coordinada campaña de promoción y apoyo a la salvación de esta singular pieza de nuestra historia automovilística que se extendió como la pólvora y que hizo incluso que el propio alcalde de Avilés abriese un tema específico en el blog oficial del Ayuntamiento que pronto se llenó de adhesiones de apoyo a la salvación del camión.

La ‘bola de nieve' comenzó a tener proporciones considerables cuando por iniciativa de otro ferviente aficionado a los vehículos clásicos en general y a la marca Pegaso en particular, Juan Ramón Sánchez, creó en Internet una Plataforma Ciudadana Virtual por medio de una página web para apoyar la recuperación del Mofletes avilesino, y en la cual se detallaban las vías que los interesados podían utilizar para hacer llegar a los responsables del ayuntamiento de su deseo de que este camión sea restaurado como se merece. La visita por parte del autor de estas líneas al parque de bomberos y la constatación del grave deterioro y decadencia que progresiva y rápidamente estaba degradando al Pegaso y su publicación con fotografías y descripciones detalladas del daño en la citada plataforma, así como en múltiples foros y blogs a lo largo y ancho de ese universo llamado Internet hizo incluso captar la atención de medios de comunicación escritos y emisoras de radio a nivel nacional que comenzaron a hacerse eco de la noticia.

Gracias a la campaña divulgativa realizada desde estos medios, salieron a relucir aspectos que hasta entonces habían pasado desapercibidos para el público general ajeno a este mundillo, sensibilizándose diversos sectores y tomando conciencia por parte de determinadas instituciones que, realmente, hubiese sido una verdadera lástima dejar morirse a esta valiosa pieza de nuestra historia, máxime si se tiene en cuenta que de las siete unidades fabricadas es la única que se conservaba en estado casi original (existe otra unidad superviviente en Ferrol aunque con el frontal modificado). La autobomba ‘Mofletes' de Avilés es conocida en toda España por aficionados a estos vehículos clásicos, y ha sido objeto de reportajes en el pasado por parte de publicaciones especializadas. Incluso en el libro ‘HS – Pegaso: un Siglo de Camiones y Autobuses' editado por el prestigioso historiador Manuel Lage (un verdadero ‘libro de texto' sobre esta materia) hace una referencia explícita a la autobomba de Avilés como ejemplo de patrimonio histórico en activo.

Sin embargo, también hay que reseñar como parte de esta historia que por desgracia en este país aún existe la aberrante tendencia a considerar un objeto no por lo que realmente significa en sí, sino por las connotaciones políticas que sobre él transfieren, identificando la autobomba de Avilés como un icono vivo de regímenes pretéritos y merecedora por ello de su destrucción, visión que compartían ciertos sectores de la esfera política del municipio avilesino. Aunque desde luego una vez que la campaña pro-Mofletes empezó a llegar a determinados estamentos no nos cupo la menor duda que desde el Ayuntamiento de Avilés se tenía la claridad y la lucidez suficiente como para darse cuenta de la importancia histórica que representaba la autobomba Mofletes avilesina en términos de patrimonio automovilístico-industrial se refiere, tanto a nivel comarcal (por el cúmulo de recuerdos entrañables que provoca en los avilesinos) como a nivel estatal por tratarse del único superviviente de esa corta serie de autobombas que conserva intacta su diseño original de carrocería. Y, si por cualquier circunstancia desde el consistorio avilesino albergaban la más mínima duda al respecto, está claro que gracias al uso de las nuevas tecnologías cientos de ciudadanos de todos los rincones de España se le habían aclarado las ideas.

Los frutos comenzaron a ser algo palpable cuando a finales del verano de 2006, el propio Alcalde avilesino daba a conocer la noticia, por medio del mismo rotativo local que había anunciado el cincuentenario de la llegada del camión a la ciudad, que dicha pieza sería recuperada por el consistorio con vistas a su conservación, exposición, y utilización con fines didácticos (aula itinerante) y lúdicos (participación en la Cabalgata de Reyes como en sus dorados años, y otras exposiciones/concentraciones de Vehículos Clásicos). El alborozo de todos los involucrados en esa cruzada fue palpable si bien desde el prisma de la reserva dado lo generosos que suelen ser nuestros políticos a la hora de anunciar obras e inversiones.

Por fortuna esta vez la palabra de un político fue firme, y el 22 de Febrero de 2007 asistíamos al traslado del viejo camión desde las instalaciones de la Divina Pastora en donde había estado languideciendo olvidado durante las dos últimas décadas hasta el Centro de Formación Profesional de Valliniello en donde iba a ser recuperado por mediación de los alumnos de los ciclos correspondientes a la disciplina de Automoción que cursaban estudios en dicho centro, coordinado por un equipo de profesores del instituto. Nuevamente se produjeron dudas y críticas por una parte de las personas que desde todo el territorio estatal seguían el caso Mofletes, en esta ocasión dirigidas hacia la decisión tomada por el Consistorio de que la rehabilitación del Pegaso se realizase desde un centro de enseñanza, sobre todo en lo relativo a la capacidad y el rigor histórico que entrañaban los trabajos de restauración del camión. Sin embargo estos temores quedaron pronto arrinconados y hasta los más acérrimos detractores de poner el Pegaso en manos del profesorado y alumnos del centro de FP Valliniello tuvieron que reconocer que habían pecado de catastrofistas, y no faltó quien pidió excusas por su prematuro y destructivo juicio al respecto. En efecto, los trabajos realizados por esta piña humana fueron más que sensacionales, derrochando no sólo ilusión, esfuerzo, dedicación y entusiasmo, sino además honradez, minuciosidad y un rigor con la fidelidad al original digno de los más enconados puristas. Las imágenes que se empezaban a difundir por Internet y las crónicas y comentarios de los que tuvimos la inmensa suerte de poder presenciar los trabajos y el desarrollo de los mismos hicieron la delicia de los aficionados que seguían atentamente el tema a través de la red.

Los trabajos realizados sobre el Pegaso fueron exhaustivos, y su detallado resultaría probablemente incompleto a la par que demasiado prolijo en el artículo que nos ocupa. Baste decir que desde el Centro de FP se tomaron unas seis mil fotografías del camión antes, durante y después de los trabajos. A modo de ejemplos, podríamos reseñar: instalación eléctrica completamente rehecha y eliminación de sistemas con doble voltaje; sustitución de un par de ventanas que se habían acoplado de plexiglás por otras hechas ex profeso de vidrio laminado; supresión de elementos añadidos y superfluos; bajos limpios y tratados con imprimación fosfatante/antioxidante; interiores pintados en tonos tomados de otros camiones de bomberos de la época; carrocería exterior completamente saneada y pintada de acuerdo a colores de época; dorados de latón limpiados en su mayoría originales, si bien hubo que encargar la réplica de algunos a un maestro artesano latonero; refabricación de algunas manecillas y bisagras en el mismo material a partir de moldes hechos con piezas originales; tornillería, gomas, alfombras, guarnecidos etc réplicas absolutas de los originales; escalera de latón restaurada por parte de personal externo al centro que trabajaban esta disciplina (ya casi en extinción en la actualidad); tratamiento superficial de estos elementos para evitar su oxidación/deterioro; elementos de madera (bancos, marcos de ventanillas, etc) restaurados y tratados por la Escuela Municipal de Arte (quienes asimismo asesoraron sobre los tratamientos preventivos de las piezas doradas del camión); volante, salpicadero e instrumentación totalmente desmontadas y restauradas de acuerdo al original, etc etc. Mecánicamente se revisó desde el primer hasta el último elemento, sustituyendo correas, manguitos, fluidos etc reparando aquéllas piezas que lo precisaban. El radiador se desmontó y se envió a limpiar. Los neumáticos originales se enviaron a recuperar, así como las ballestas.

A finales de Mayo de 2007 el camión salió por primera vez del Centro de FP de Valliniello donde se le estaba devolviendo su primigenia juventud para el primer acto oficial desde su olvido a principios de la década de los noventa, aunque esta primera vez que se mostraba ante el gran público no sea más que una anécdota: a dos días de las elecciones municipales, el otrora equipo de gobierno que le había dado la espalda viéndolo más como un estorbo, ahora había cambiado de opinión y lo mostraba como algo digno de elogio, una pieza valiosa y un ejemplo de la buena gestión en materia de recuperación de bienes culturales. Si ese cambio en la apreciación de las fuerzas políticas resultó gracias al apoyo de los aficionados que desde Internet bombardearon los emails y blogs municipales o no es algo que dejamos a valoración de cada lector.

Finalmente, coincidiendo con la conclusión del curso académico en Junio 2007, el Pegaso Mofletes autobomba ENASA era entregado oficialmente por el Instituto de Formación Profesional de Valliniello al Ayuntamiento avilesino, quien se hacía cargo de la custodia y mantenimiento del mismo guardándolo provisionalmente en los bajos de Polideportivo de El Quirinal hasta que su lugar definitivo (un espacio habilitado especialmente para ello) en el avilesino Pabellón de Exposiciones de La Magdalena esté listo tras los trabajos de remodelación que están realizándose en dicho recinto.

Los asistentes a la Concentración que el 16 Septiembre 2007 se realizó en Avilés con motivo de la convocatoria a nivel estatal de las primeras Jornadas de Patrimonio de la Automoción tuvimos la ocasión de contemplar el Pegaso Mofletes avilesino en todo su esplendor como estrella de la misma, con el equipo municipal de la ciudad presentando orgulloso el camión a todos los ciudadanos y aficionados que allí nos reunimos, internautas o no.

Ojalá podamos utilizar de nuevo estas nuevas herramientas que el progreso ha puesto en nuestras manos para anunciar a los cuatro vientos que desde otros ayuntamientos o instituciones este ejemplo de recuperación de un elemento valioso de nuestro patrimonio automovilístico e industrial es imitado.

(*) Luis Ángel González López ('Mhruxy'), gran aficionado a los vehículos clásicos y autor del libro 'Los Seat 1200/1430 Sport y 128'
Las fotografías del reportaje son propiedad de Luis Ángel González López ('Mhruxy')