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(*) José Ramón Ricart |
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La aventura Pegaso de Mario Laguna es un libro excitante, pero creo indispensable resumirles algo de la vida de mi padre, ya que las obras se interpretan mejor si se conoce su autor. Es curioso saber por qué le bautizaron con este inesperado nombre de Wifredo, insólito en la familia. Estando su padre, José Ricart y Giralt, ilustre marino, director de la Escuela de Náutica, fuera de su casa, se presentó la Guardia Civil preguntando por un tal José Ricart, que tenían por prófugo. Al comprobar su error se marcharon, pero como se esperaba que naciera un niño dentro de pocos días, mi abuelo dijo que escogería para él un nombre que evitase tales errores y le bautizaron con los nombres de Wifredo Pelayo y Francisco de Borja. |
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Fue un
estudiante normal, muy interesado en cosas de aviación. Empezó
muy joven la carrera de ingeniero y la terminó cuando aún
no había cumplido veinte años. Entró a trabajar
en Vallet y Fiol para quienes inventó el carburol,
carburante para los Hispano-Suiza que vendía esa casa y para
los que no se disponía entonces de combustible. Fabricaban motores
para bombas de agua. Con su amigo Paco Pérez de Olaguer,
compraron la fábrica, fundaron la empresa Ricart y Pérez
y construyó en pocos meses un par de coches de carreras con este
mismo nombre. Se estrenaron en el circuito de Villafranca con resultados
diversos, pero esto le abrió conocimiento con otros constructores
de marcas importantes. Vendió su participación y se estableció
en taller propio fabricando turismos marca Ricart.
Los presentó en el Salón de París en 1926, algo
impensable para un constructor español. Modificó los coches
de carreras que corrieron con nombre Ricart, ganó la carrera
en cuesta de La Rabassada y estableció un récord que tardó
en superarse. Se asoció con Felipe Batlló,
constructor de los coches España, fundando la sociedad Ricart
España. Fabricaban turismos en pequeñas series
hasta que el general Berenguer suprimió las ventajas aduaneras
de que disfrutaban. |
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Yo tengo
interés en decirles que hay algunos automóviles, no muchos,
que son la reproducción material de las características
de sus creadores, y uno de ellos, ciertamente, es el Pegaso de Ricart.
Su preocupación constante a lo largo de su vida fue la de superarse,
lo que ahora se llama desarrollo. Ricart procuraba que cada coche superase
al anterior. Les traslado unas afirmaciones de un colaborador y discípulo
suyo, Don Salvador Báguena, escritas poco después
del fallecimiento de mi padre, en 1974: En el manual de instrucciones del Pegaso Z-102 se puede leer: "un coche excepcional necesita algo más que los cuidados corrientes que se prestan a una máquina, espera el amor de su propietario". El libro titulado La aventura Pegaso recoge muchos de los resultados que este proyecto de Ricart ha conseguido. El mismo libro, escrito con tanto entusiasmo, es también una prueba de amor. José Ramón Ricart, 31 de mayo de 2006 |
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José Ramón Ricart escribió esta semblanza biográfica
de su padre con motivo de la presentación del libro La aventura
Pegaso de Mario Laguna en Cobeña, el 8 de julio de 2006. Gracias
a D. José Ramón y a Mario Laguna por permitirnos reproducir
este singular documento. |