Los coches siempre influirán en la gente en todo el mundo, como
símbolo de elegancia y poder. Nada mejor para ejemplificar esto
que un coche deportivo, ligero, y que traduzca en pulgadas cúbicas
las cifras de la cuenta corriente de su propietario.
En Brasil no podía ser diferente: el país
representaba un mercado ansioso de deportivos nacionales de gran potencia,
pues los coches más potentes vendidos por acá eran importados
de los Estados Unidos. Pero a principios de la década de los
70, la situación comenzó a cambiar, trayendo novedades,
con el lanzamiento, en los primeros años de la década,
de dos coches que revolucionarían el mercado.
Cuando se habla de motores de ocho cilindros, la diversión aumenta
y la potencia también. Por eso, el próximo párrafo
está dedicado a un deportivo que marcó época, y
su sigla hasta hoy hace vibrar el suelo por donde pasa: RT, road and
track; si lo prefiere, puede llamarle simplemente 'bólido'.
El Dodge Charger R/T fue lanzado en Brasil a fines
de 1970, causando gran impacto en el mercado automotor. Sus líneas
deportivas, faros que se ocultaban por detrás de las rejillas
y colores brillantes agitaron al país. Pero lo más envidiado
sólo quedaba a la vista una vez retiradas las trabas del capó,
mostrando el corazón de la fiera: un V8 de 318 pulgadas cúbicas,
de gran compresión, despejaba 215 caballos de furia en el asfalto,
dejando grandes listas negras en el suelo por donde pasaba. El volante
de tres radios y su inmenso par motor, lo hacían el más
codiciado y potente deportivo del país. El tanque sólo
aceptaba gasolina azul, que era rápidamente devorada, así
como los kilómetros en el asfalto. El modelo sufrió algunas
modificaciones en los años siguientes y fue retirado del mercado
en 1980, con muy poco del brillo y vivacidad de los primeros años.