(*) Renato Bellote Gomes

Los coches siempre influirán en la gente en todo el mundo, como símbolo de elegancia y poder. Nada mejor para ejemplificar esto que un coche deportivo, ligero, y que traduzca en pulgadas cúbicas las cifras de la cuenta corriente de su propietario.
En Brasil no podía ser diferente: el país representaba un mercado ansioso de deportivos nacionales de gran potencia, pues los coches más potentes vendidos por acá eran importados de los Estados Unidos. Pero a principios de la década de los 70, la situación comenzó a cambiar, trayendo novedades, con el lanzamiento, en los primeros años de la década, de dos coches que revolucionarían el mercado.
Cuando se habla de motores de ocho cilindros, la diversión aumenta y la potencia también. Por eso, el próximo párrafo está dedicado a un deportivo que marcó época, y su sigla hasta hoy hace vibrar el suelo por donde pasa: RT, road and track; si lo prefiere, puede llamarle simplemente 'bólido'.


El Dodge Charger R/T fue lanzado en Brasil a fines de 1970, causando gran impacto en el mercado automotor. Sus líneas deportivas, faros que se ocultaban por detrás de las rejillas y colores brillantes agitaron al país. Pero lo más envidiado sólo quedaba a la vista una vez retiradas las trabas del capó, mostrando el corazón de la fiera: un V8 de 318 pulgadas cúbicas, de gran compresión, despejaba 215 caballos de furia en el asfalto, dejando grandes listas negras en el suelo por donde pasaba. El volante de tres radios y su inmenso par motor, lo hacían el más codiciado y potente deportivo del país. El tanque sólo aceptaba gasolina azul, que era rápidamente devorada, así como los kilómetros en el asfalto. El modelo sufrió algunas modificaciones en los años siguientes y fue retirado del mercado en 1980, con muy poco del brillo y vivacidad de los primeros años.

En otro extremo, tenemos el Maverick GT, respuesta de la Ford para afrontar la competencia. El modelo fue lanzado por acá en 1974, con líneas que recordaban al Mustang, pero con una personalidad propia. El motor V8 de 4,95 litros garantizaba emociones fuertes a su conductor, y las listas negras y el odómetro sobre la columna de dirección, invitaban una conducción apasionada. El motor de 199 caballos respondía rápidamente a los impulsos en el acelerador. El modelo fue producido hasta 1979, dejando un gran vacío el corazón de los amantes de los V8.
Esta nota pretende celebrar los 30 años de estos ya clásicos muscle cars, que son cada vez más valorizados en los encuentros de coches de antaño, y que aún ocupan un lugar importante en el escenario automotor nacional, por su belleza, la potencia de sus motores o simplemente, porque representan los sueños de consumo de una época.
(*) Renato Bellote Gomes (São Paulo (Brasil), 1979) es licenciado en Derecho y publica textos en nueve países de lengua española. Además es corresponsal del portal portugués Lusomotores en Brasil y mantiene su propio blog: Na Garagem