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(*) Marcel Estadella |
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Érase una vez un autobús con treinta y siete años a cuestas que precisaba recuperar las cuarenta y ocho plazas que había tenido. Tras recorrer la ceca, la Meca y los valles de Andorra, y dado que se trataba de un vehículo clásico, se concluyó que lo mejor era su paso a histórico. Debía encontrarse un club de vehículos históricos que lo certificase como tal; una vez preguntados los servicios de Industria de la Generalitat, informaron que por lo recogido en sus estatutos, la asociación ARCA reunía estas condiciones y por tanto podía realizar la ficha reducida de características y la certificación de autenticidad del vehículo. Y la hizo. También se precisaba la certificación de un laboratorio competente en Vehículos Históricos. Como el mas barato era Idiada, comenzó la persecución implacable de su responsable para conseguir el codiciado objetivo. Tras dos meses y la amenaza de pasar el tema a la competencia se consiguió la inspección y el certificado del laboratorio. Con el papelito de Idiada, a los servicios de Industria para conseguir la autorización al paso a histórico. Por el camino se descubría con horror un error en la documentación de Idiada que lo dejaba en veintisiete plazas, y que aunque se había hecho constar las plazas de pie, se debía rectificar el certificado de Arca sólo a las plazas sentadas. |
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Una vez conseguida la preciada resolución de Industria autorizando el paso a histórico se debía pasar la ITV, verificando con anterioridad que el vehículo estaba en condiciones. Así, se descubría que una hoja de ballesta estaba rota y que se precisaban al menos cuatro ruedas nuevas para dejar el vehículo en condiciones. Ardua búsqueda entre Barcelona y Valls. Con la inestimable ayuda de un gruísta de Tarragona se instalaban ruedas en condiciones al vehículo. Una revisión general lo dejaba en condiciones, aunque uno de los intermitentes laterales precisaba de 'razones contundentes' a la entrada de la ITV para que cumpliera correctamente su trabajo. Dos días y ficha técnica nueva. Ya parecía todo resuelto, pero aún había que pasar las horcas caudinas de la matriculación. El primer día de ida y sus colas acababan con una lista de dos folios sobre el papelamen ineludible para la ansiada matriculación. La siguiente mañana se consumía en las largas colas en Tráfico y se saldaba con que, pese a que no figuraba en la lista, las fotos se debían presentar sobre papel fotográfico y que se debía aportar la ficha técnica antigua. Una carrera loca a la ITV y un paso por el servicio de fotos de Alcampo dejaban el problema resuelto el mismo jueves por la tarde. ¡El viernes se recogería la matrícula y a asegurar! |
La dicha nunca es completa, aunque la precaución de gato viejo hacía llegar a tráfico justo cuando comenzaban a repartir las matrículas. El bus no se podía matricular por que faltaba un certificado de exención de la tarjeta de transporte. Damned! Una conversación persuasiva con la funcionaria de turno le hacía caer en la cuenta de que no se había cambiado de titular, y que por tanto no era exigible el certificado de marras; como compensación, realizaba la matriculación al instante. La conversación con la compañía de seguros ponía las cosas mas fáciles, prometiendo disponer de seguro a los dos días de completar los papeles que pedía. Y colorín colorado, por ahora y con H-5152-BBB, este cuento se ha acabado. Esperando que os haya gustado. |
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Marcel Estadella es Presidente de ARCA, Asociación para la Recuperación
y Conservación de Autobuses |